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Mil vidas para la misión

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Presencia misionera

Actividades

Sobre nosotros

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Historia

La historia de los Laicos Misioneros Combonianos en Colombia ha sido un camino de comienzos diversos, marcados por el entusiasmo de quienes soñaron con una misión laical comprometida. Todo inició en 1982 en Cali, con el acompañamiento del Dr. Héctor Vela y su esposa. Luego, en 1995, el Hno. Joel Reyes impulsó encuentros laicales en Bogotá, y en 2005 la experiencia de María Enith reavivó el fuego misionero.

Desde entonces, el movimiento creció con fuerza: se formaron grupos en Bogotá, Cali y Medellín; se vivieron misiones en La Palma, Yacopí, Aguachica y hasta Esmeraldas (Ecuador). Los LMC se integraron a parroquias, radios y comunidades afro e indígenas.

Con la creación de la Delegación Comboniana en 2002 y el impulso del P. Franco Nascimbene en Altos de Cazucá en 2015, la presencia laical se consolidó aún más. En 2023, con la elaboración de un directorio comunitario y un proceso formativo claro, los LMC de Colombia dieron un paso firme hacia el futuro, construyendo comunidad con espíritu comboniano y corazón misionero.

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Carisma

​Los Laicos Misioneros Combonianos (LMC) somos hombres y mujeres llamados a vivir el Evangelio al estilo de San Daniel Comboni: con pasión, entrega y cercanía a los más pobres y olvidados. Inspirados en su carisma, respondemos al llamado misionero desde nuestra realidad laical, integrando familia, profesión y fe en una vida de servicio.

Nuestra identidad se construye sobre tres pilares:

  • Laical: vivimos en el mundo, siendo luz en lo cotidiano.

  • Misionera: salimos al encuentro, cruzando fronteras físicas y del corazón.

  • Comboniana: llevamos en el alma el fuego de Comboni, luchando por la dignidad y la esperanza.

Así, los LMC somos puentes de fraternidad, diálogo y transformación, sembrando el Reino de Dios allí donde más se necesita.

San Daniel Comboni

Daniel Comboni nació en 1831 en Limone sul Garda, en el seno de una familia campesina humilde. Fue el cuarto de ocho hermanos y, desde joven, su inteligencia y sensibilidad lo llevaron a estudiar en Verona, en el Instituto de Don Mazza. Allí, cautivado por el testimonio de los misioneros, descubrió su gran pasión: dedicar la vida a los más pobres y olvidados de África.

Soñador incansable y emprendedor audaz, Comboni tejió puentes entre continentes y corazones. En medio de dificultades extremas, concibió un plan revolucionario: “Salvar África con África”, convencido de que los propios africanos debían liderar su proceso de liberación, formación y evangelización. Así, impulsó escuelas, hospitales y comunidades misioneras donde africanos y europeos trabajaran hombro a hombro.

Comboni recorrió Europa encendiendo corazones: escribía, predicaba, formaba, liberaba esclavos, y animaba a laicos, sacerdotes y religiosos a unirse en una sola comunidad misionera —un verdadero cenáculo de apóstoles.

Hoy, su sueño vive en la Familia Comboniana, que continúa su legado con pasión y compromiso, entregando la vida por el Reino, allí donde la esperanza más se necesita.

Espiritualidad

La espiritualidad de los Laicos Misioneros Combonianos (LMC) debe cultivarse mediante un proceso de formación continua, inspirada en el carisma de San Daniel Comboni y guiada por la luz del Evangelio. Esta formación se fortalece a través de prácticas y herramientas espirituales como la oración propia de la Familia Comboniana, la participación activa en encuentros presenciales y virtuales, retiros espirituales tanto a nivel nacional como internacional, y la animación misionera en diversas comunidades eclesiales.

Dicha espiritualidad implica también el compromiso de promover la conciencia misionera en la Iglesia y en la sociedad, integrando de manera coherente la vida sacramental y espiritual. Se trata de vivir una fe encarnada, donde la experiencia de Dios ilumine cada aspecto de la vida cotidiana. Así, los LMC caminan en la historia con la certeza de que Dios y el espíritu de San Daniel Comboni los acompañan y fortalecen en su misión.

Principios

Los principios del Laico Misionero Comboniano (LMC) son como su brújula interior: lo guían, lo sostienen y le recuerdan por qué eligió este camino. Son firmes, no cambian con el clima ni con las modas, y hacen del LMC un testigo vivo del Evangelio. Aquí van los esenciales, con corazón misionero:

1. Vida cristiana:
Cristo no es solo una idea bonita, ¡es el centro! El LMC vive con Jesús en el corazón y lo sigue en cada paso.

2. Opción por los más pobres:
Al estilo de Comboni, el LMC se lanza a las periferias: con afrodescendientes, indígenas, privados de libertad y todo aquel que el mundo olvida.

3. Animación misionera:
Encender la chispa misionera es parte del trabajo. El LMC es como una antorcha que conecta a la Iglesia con la misión.

4. Promoción humana:
Más que ayudar, se trata de levantar. El LMC trabaja por la dignidad de cada persona, para que todos vivan con más humanidad.

5. Vocación misionera:
No es solo entusiasmo, ¡es compromiso! Ser LMC es formarse, crecer y mantenerse firme en el llamado de servir a Dios y a los demás.

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