2023 Alcalá , Diócesis de Cartago
- Janett Escobar
- 19 may 2025
- 2 Min. de lectura
"Como aspirante a Laica Misionera Comboniana (LMC), la Semana Santa representó para mí mucho más que una celebración litúrgica: fue la oportunidad de vivir mi primera experiencia misionera en el campo, en contacto directo con las comunidades y con la riqueza del carisma comboniano. Esta experiencia marcó un hito importante en mi camino vocacional. Me impactó profundamente el hecho de compartir la misión con un equipo diverso, conformado por un sacerdote, un religioso y una laica. Esta composición no fue casual; más bien, reflejaba de manera concreta el espíritu de sinodalidad que hoy la Iglesia promueve con insistencia, y que ya San Daniel Comboni vivía de forma profética en sus expediciones misioneras. Él comprendía que la misión no era tarea de uno solo, sino una empresa eclesial donde cada vocación aporta desde su riqueza y particularidad.
Estar en el campo misionero durante la Semana Santa me permitió vivir la fe desde una dimensión nueva, encarnada en la vida sencilla y a veces difícil de las comunidades que visitamos. Compartir con ellas sus alegrías, esperanzas, preocupaciones y luchas fue profundamente transformador. Me sentí acogido como hermano, no como extraño, y pude percibir con claridad cómo el anuncio del Evangelio no es solo palabra, sino cercanía, presencia y servicio.
A través del contacto directo con el carisma comboniano, descubrí una forma particular de estar en medio del pueblo: con humildad, paciencia, escucha y una gran sensibilidad hacia los más empobrecidos. Pude ver cómo los misioneros combonianos no imponen, sino que acompañan; no protagonizan, sino que animan procesos. Este modo de ser Iglesia y de hacer misión me conmovió profundamente y me ayudó a confirmar que el llamado que he sentido no es un impulso pasajero, sino una vocación que merece ser acogida, discernida y profundizada con seriedad.
Esta misión no solo me permitió conocer la realidad concreta de las comunidades rurales y sus necesidades espirituales y materiales, sino que también me ayudó a conocerme más a mí mismo: mis fortalezas, mis miedos, mis deseos más profundos. Fue un tiempo de gracia en el que pude reafirmar mi opción por el camino misionero y avanzar con más claridad en mi proceso de discernimiento como LMC.
Hoy, al mirar en retrospectiva esta experiencia, no puedo sino dar gracias a Dios por haberme permitido vivirla. Me siento animado a seguir adelante, con mayor compromiso y entrega, sabiendo que no camino solo, sino junto a una familia misionera que comparte la misma pasión por el Reino y por aquellos que aún no han sido alcanzados por la Buena Noticia". (Jenny Trujillo)






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