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2024- Diócesis del Espinal

En el marco del tiempo de Adviento de 2024, los Laicos Misioneros Combonianos (LMC) tuvimos la valiosa oportunidad de participar en una experiencia misionera en la parroquia Nuestra Señora del Carmen, ubicada en Gaitania, Tolima, perteneciente a la diócesis del Espinal. Esta misión fue posible gracias a la fraterna invitación del padre Marco Tulio Chila, párroco de esta comunidad y cercano colaborador del carisma comboniano.




Durante nuestra estancia, acompañamos diversas comunidades campesinas e indígenas asentadas en esta región del Tolima, caracterizada por su belleza natural, su riqueza cultural y, al mismo tiempo, por sus múltiples desafíos sociales. Este tiempo de misión se convirtió en un verdadero camino de preparación espiritual para la celebración del nacimiento del Niño Jesús, y representó una oportunidad de profundo crecimiento personal y comunitario para cada uno de los misioneros y misioneras que participaron.

El encuentro con las comunidades indígenas fue especialmente significativo. En el compartir cotidiano, los LMC pudimos conocer más de cerca sus tradiciones, costumbres y sabiduría ancestral. Fue un espacio de diálogo intercultural en el que reafirmamos que el amor de Dios no tiene fronteras y se manifiesta de manera única en cada pueblo, lengua y cultura. La hospitalidad de estas comunidades, su sentido comunitario y su apertura al mensaje del Evangelio fueron una fuente de inspiración que nos permitió experimentar a Dios presente y actuante en medio de ellos.




Por otro lado, para algunos de nuestros misioneros, el contacto con los niños y niñas de la región fue profundamente transformador. En sus sonrisas, en su ternura, en su alegría espontánea, encontraron el rostro del Cristo vivo. Fue precisamente a través del amor sencillo pero profundo compartido con estos pequeños que varios LMC reafirmaron su vocación misionera y renovaron su decisión de seguir caminando en la fe, al servicio de los más pobres y abandonados.



Esta misión en Gaitania no solo nos permitió anunciar el Evangelio, sino que también nos enseñó a escucharlo desde otras voces y realidades. Nos despojó de muchas seguridades para abrirnos al misterio de un Dios que se hace presente en lo pequeño, en lo sencillo, en lo distinto. Volvimos transformados, con el corazón agradecido, y con el firme deseo de seguir llevando adelante el carisma de San Daniel Comboni, en comunión con la Iglesia y en respuesta a los signos de los tiempos.

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